miércoles, 7 de septiembre de 2011

A TERESA WILMS MONTT (SERGIO FRITZ ROA)



Teresa:
Ojos grandes. Palpitantes.
Como tu vida, sangrante.
La mirada disparada a otros mundos:
Tus sueños.
¡Ah, esos sueños de seda, amor, semillas y árboles otoñales!

Añoras a tus hijas, de las que se te despojó.
Añoras al océano, que un momento deseó hacerte dormir para siempre.
Añoras al joven amado, que fue eclipsado por tu fuego.

Bella fuiste (¡esa, tu maldición!).
Todos te admiraron, quisieron, crucificaron.
Chilena cual reina caminando en Buenos Aires, Madrid, París…
El mundo pudo ser tuyo; pero insensata fuiste para tu tiempo.
Dejaste, sin embargo, una estela violeta que trasciende las décadas.

Rebelde.
Nostálgica.
Siempre cercana a la inquietud del mármol, y al cuervo que se yergue sobre éste.
Tal vez esa cruz en tu cuello de la cual nunca te alejabas…
Un aviso. Un destino.

Teresa:
Viajaste, huyendo de ti misma,
Pero olvidaste que la Tierra es un círculo asfixiante,
Si no hay amor.
Por eso, cortaste tu vida,
Ya exhausta.

Dolor
Ausencias

La mirada disparada a otros mundos:
Tus sueños.
Esos que tejiste cuando estuviste enclaustrada por mandato familiar;
Que expresaste en tu poesía lunar;
En tu voz impresionante.
Tus sueños.

Ahora, solo duerme, Wilms Montt.
Que tu ángel-niño Anuarí
Te recibirá,
Para besar los cofres que resguardan esos ojos grandes.
Palpitantes,
Como tu vida,
Como tu ansiada muerte.
Iquique, 24 de Julio de 2011

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